EL PUENTE DE SUSTOS Y ENCANTO

Disfrutar de la salida del sol en el Puente sobre el Lago de Maracaibo, es ver dos bellezas que se encuentran en un día de esplendor! Transitar su presencia elegante sobre mi amado lago y observar el espectacular amanecer en el que sol, adorándolo, lo viste de dorado para decirle que se ha rendido a sus pies, las sensaciones son múltiples, se enaltece mi orgullo zuliano, Puente sobre el Lago siempre adornando mis viajes, sean de placer o trabajo, es una emoción que solo se expresa en la estrofa de esta gaita que todo zuliano canta a viva voz:

“…Cuando voy a Maracaibo
y empiezo a pasar el puente
siento una emoción tan grande
que se me nubla la mente,
siento un nudo en la garganta
y el corazón se me salta,
y sin darme cuenta tiemblo,
sin querer estoy llorando …”

Qué marabino no ha sentido lo que nuestra gaita describe?

Esta obra magistral de Ingeniería, cumplió 55 años! Puente General Rafael Urdaneta sobre el Lago de Maracaibo, Orgullo Zuliano!!!, tenía yo 6 años y lo recuerdo demasiado, tuve la dicha de ser espectadora en primera línea, asombrada e intimidada por esa carretera que sobre el lago se imponía, con esas altas torres que yo desde la baranda veía, la emoción de propios y extraños caminando sobre él, el día de su estreno; era solo una parte de lo que pretendía ser, como todo en este país, se quedó en proyecto y en el bolsillo de otros; los siguientes fines de semana, fue el paseo obligado de domingo en el impala azul de mi papa, antes de los helados, pasábamos el puente, sintiendo la brisa en la cara y viendo los buchones surcar el cielo azul, las pequeñas piraguas de los pescadores y los grandes buques tanqueros que venían por nuestro petróleo. De regreso, la mirada se quedaba clavada en la costa occidental, donde Maracaibo se rendía a su Lago, un perfil urbano sin mucho altibajo, eran pocos los edificios altos en ese entonces.

Luego de eso, el siguiente año, por cosas de la vida mi padre nos envió a España donde nos quedamos un año; éramos los americanos que visitábamos el hermoso pueblo de La Guardia, en Galicia, los que veníamos de la tierra del petróleo; mi mama parecía Jaqueline Kennedy con su estilo y su peinado, ya no era más aquella chica pueblerina que salió en barco al nuevo continente con una pequeña maleta, buscando horizontes de esperanza y trabajo. No fue fácil para ella regresar, ahora con tres niños, era diferente a la gente de su pueblo; por algunos, admirada, por muchos envidiada y para otros, era una hereje por estar casada con un musulmán. Llegó comprando cosas para la casa de la abuela, entre esas un televisor para el salón, que la mantuviera en contacto con aquel lugar en el nuevo continente que ahora era su hogar.

Recuerdo, como si fuera ayer, la trágica noticia que recorrió el mundo, un 6 de abril del año 1964, estábamos en el salón de la casa de mi abuela, nos tocó vivir el horror lejos del terruño: “…ha caído el puente sobre el Lago de Maracaibo, un tanquero de la Compañía Creole cargado de 262 mil barriles de oro negro chocó con la pila 31…” del gigante de mi charco…, eso provocó el llanto de mi madre de inmediato y yo morí de miedo…un miedo que no me abandonó por muchos años, saquen cuenta, hasta que tuve a mi primer hijo. Definitivamente, esa noticia me marcó.
El puente fue reconstruido, la empresa cubrió todos los gastos, las 7 personas que murieron se convertían en las primeras víctimas del majestuoso coloso de concreto.
A nuestro regreso y luego de 8 meses de reconstrucción, mi papa nos invitó al famoso paseo y yo me privé de miedo!
-Noooooo, noooooo yo no quiero papá, se va a caer de nuevo!
Y a partir de ahí, lo pasaba obligada, y les juro que el nudo no era en la garganta como dice nuestra gaita, el nudo era en el estómago y los gritos del silencio en mi garganta, haciendo pucheros y cerrando los ojos, hundida en el asiento hasta que la serpiente de 9 kms me tragaba.

Ya de adolescente, lo simulaba, solo mi corazón sabia de él; cuándo aprendí a manejar, el gran reto fue pasarlo en mi Chevy Nova blanco año 76…, vencí el miedo al volante y ya me preocupaban más otras cosas, pero jamás sola, alguien tenía que ir a mi lado. Al pasar los años, cuando fui mamá, se convirtió en casi rutina recorrerlo, pues cada fin de semana largo era la excusa perfecta para irnos a la playa o a los Andes, y entonces, ya no le temía, la maravilla de su existencia volvía a atraparme, comencé a apreciar de forma diferente el paisaje, el amanecer sobre el lago, el atardecer al regreso, con ese contraluz que baña la ciudad entera ahora de perfil de grandes altibajos, que como una sultana se presenta rendida a los pies de su lago amado…a veces tan quieto que parece de seda y a veces tan inquieto que me impresiona.

Mi Maracaibo

La luz bajo tu cielo es cálida,
la bruma del lago
te matiza en la distancia
cuando me acerco a ti emocionada
ofreciendo tu imagen como si soñara,
eres mi oasis, mi refugio
eres mi morada

Cuando lejos de ti me encuentro
añoro todo lo que está
bajo tu inmenso cielo
de escandalosos colores
que pintan el alma
del que ha nacido en tu suelo.

Tu silueta sin el Puente
no es ya imaginada,
derramando sentimientos y lágrimas
cada vez que lo recorro emocionada,
porque vuelvo a ti mi ciudad amada.

Siento mi alma cual buchón alada,
surcar tu cielo exaltada,
dejando que mi piel sienta
la húmeda brisa de la mañana,
mojando la mirada en el Lago
que te adorna mi tierra del Sol Amada.

Lejos de ti no puedo, no quiero…

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6 comentarios sobre “EL PUENTE DE SUSTOS Y ENCANTO

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