EL IMPALA AZUL

Mis manos van jugando con el viento mientras en la radio del impala azul de papá se reproduce el canto de alabanza a Alá en la voz de un hombre en otro idioma que no comprendo…

Es una mañana cálida de domingo y transitamos por la Av. Bella Vista rumbo al Café Bambi a buscar los cachitos para el desayuno; de camino nos queda la Book Shop para comprar la prensa, revistas y algunas chucherías. Mi cabello también juguetea con la brisa y mi madre histérica solo pensará como desenredarlo con unos cuantos jalones de protesta.

Papá esta rezando y yo hago silencio; cuando mencionan a Jesús y María, me indica el momento y sonríe, me gusta escuchar esa melodía que no tiene música y que desde pequeña me arrullA. El día de mi Primera Comunión, su corazón estaba feliz aún siendo musulman; me explico que hay varios caminos para llegar a Dios y que practicar la caridad, la humildad y el respeto te acercaban a Él.

En esta ocasión voy sola con él, feliz sin mis molestosos hermanos y sin la mirada vigilante de mi madre, solos los dos; a él le gusta escucharme cuando hablo y reírse con mis cosas; hablamos del colegio, las tareas y de qué quiero ser cuando sea grande.

A donde llega va sonriendo, todos lo quieren, abrazos van, abrazos vienen con sus amigos, que al igual que él, vienen de otras tierras; ellos leen la prensa y conversan, en medio de una densa nube de humo… es la moda, fumar a cualquier hora. Yo voy agarrada de su mano, escondiéndome detrás de él, soy tímida y cuando se dirigen a mi siento algo de vergüenza…

Habla en árabe, habla en castellano, saluda en italiano, lee en inglés, es políglota y me maravilla que sepa tanto.

De regreso, vuelvo a jugar con el viento y ahora se escucha The Beatles, Good Day Sunshine, a los dos nos gusta, cantamos y reímos. Cruzamos en la Av. Las Delicias, ya estamos cerca de casa, pero seguro dará otra vuelta hasta que termine la canción.

Te amo papá.

#historiasdeinmigrantes

QUIEN ERES?

Podrías ser un extraño,
de esos, que hacen daño,
que clavan una espina
y dejan el corazón desgarrado.

O podrías ser una de esas almas
que tiene que ver con la mía,
alguien lejano,
quizás de otra vida
que viene a acariciarla
en estos tiempos de sequías.

O ser caminante
sin rumbo ni parada fija,
como el viento que llega
y se marcha de prisa,
refresca, levanta,
creando algarabía,
como remolino agitaras,
te llevarás parte de mi vida,
me dejarás vivencias
y también, algunas alegrías.

Como saber quién eres
y darte permiso
para entrar en mi vida…

OJALÁ…

Lo pensó,
tan solo fue un deseo
puesto en el viento,
un ojalá tímido,
casi dicho con miedo,
no estaba segura
si quería que lo escuchara
la inmensidad del universo.

Y voló, se fue lejos…
ligero como una caricia,
húmedo como un beso,
impregnado de azahares,
y como veleta,
sin rumbo cierto…

No tenia destino,
tan solo fue un deseo
fugaz, breve
y a la vez intenso.

Y entonces,
se encontró con otro deseo,
otro ojalá puesto
en la brisa nocturnal
de otra alma sin sueño,
que hablaba con las estrellas
y aprendió a escuchar el silencio.

Y se encontraron
en aquel universo,
un árbol con sus ramas
atrapó ambos anhelos
y los convirtió en beso,
es lo que sucede
cuando pones tus deseos
en el viento.

Barcelona, 26 de agosto de 2020

Decir ojalá,
es poner los deseos en el viento.

ME TIENES TAN…

Me tienes tan distraída
que las ollas solas se queman,
y los días de la semana,
incluyendo
el atravesado miércoles,
se han cambiado de lugar,
todos parecen ahora domingo
para en ti solo pensar.

Y dígame las horas,
esas señoras
que lentas pasaban
tristes y pesadas,
en medio de mi soledad,
ahora tienen alas
y se pasan volando
cuando tu cerca de mí estás.

No se qué me pasa
pero así están las cosas,
me dicen los entendidos
que son síntomas típicos
de esa agitación contagiosa
llamada amor con felicidad.

MI ARROZ CON MANGO

De azahares del Oriente próximo y de montes de pinos y castaños que besan enamorados al inmenso Atlántico, de eso van los aromas con los que fui concebida y maravillosamente acunada.

Y aprendí a volar con sueños guardados en maletas y crianza de otras tierras; mamá cantando, bailando enseñándome a tocar las castañuelas, y papá, hablándome de cedros y fenicios, desiertos y tierras con misterios, diciéndome Habibi y lo que significaba de mi nombre: Noche, inspiración de los poetas, y como no, siempre haciéndome sentir princesa.

Y desplegué mis alas en el Caribe de azules y verdes esmeralda, entre palmeras esbeltas y de troncos sinuosos, chinchorros colgados bajo su sombra, en el sol ardiente marabino, refrescada con agua de coco, o de limón y panela.

Con el corazón agitado a golpe de tambor y cuatro, usando la manta guajira de colores vivos cuando más relajada estaba, sintiendo la libertad de mi cuerpo danzando con y dentro de ella, llevando mi cabello largo y a veces un pañuelo atado para protegerme del sol. Hermosas incongruencias entre mi piel, mi terruño y la mescolanza de mi ascendencia.

Y así crecí, con mezcla de especias y esencias, puedo saber a comino, pimiento dulce  y malagueta, a canela y sarrapia, con  mezcla de aromas y esencias, a veces de agua de rosas, otras de  azahar o vainilla.

Sin duda, me encanta sentirme como ají dulce  picante, sorpresiva e inesperada, que por su olor al abrirlo te avisa de inmediato que lo que lleva por dentro es explosivo y misterioso, aunque también  puedo morir de deseo por una tentadora aceituna.

A veces me pregunto qué prevalece en mí? Por lo pronto, me llevo bien con los marcianos y la luna me entiende como nadie, ella es especialista en eso de las emociones, teniendo al final la razón pues conoce a su Noche como ninguno sabe.

A QUIEN?

A quién teme la mujer
cuando escribe sueños,
anhelos y ansias?
no le teme a su corazón
que late poesía,
ni a su alma alada
que de inspiración vibra,
ni a su piel erizada
que con sus palabras acaricia,
ni a su mente agitada
de imágenes dibujadas
con letras apasionadas y vivas.
Le teme a los que solo
buscan encontrarla
en sus versos con malicia y saña.

Y quién teme
de una mujer que escribe?
Los que van con máscaras
ocultando sus malicias,
los que ocultan sus miradas,
los que engañan con palabras,
los vacíos de alma,
los que buscan corazones
para destruir sueños y ansias.

Ellos le temen,
porque nadie podrá
callar sus palabras,
mostrando sus vilezas,
dejándoles desnuda
su piel sin alma.

Mi inspiración de hoy en la terraza esperando el sol con mi primer café de la mañana.

07/08/20 Martorell

ALLÁ

EN EL LUGAR DE NUESTROS SUEÑOS.

Allá,
donde viven nuestros sueños
hay guardado un secreto
entre tú y yo,
sobre aquel encuentro
que nunca pasó
y que solo en nuestros deseos
realmente sucedió…

Tú y yo,
allí estábamos los dos,
y cuando regresamos
y por fin amaneció,
yo tenia tus besos tatuados
en mis ojos, en mi corazón,
y mi piel aún erizada
de todo lo que allá
vivimos los dos.

Allá,
en nuestro mundo paralelo,
de juegos, sueños y pasión,
donde no existe la razón.

Allá,
donde nada es imposible,
donde se borran las barreras,
las distancias, los miedos,
allá donde las almas
se encuentran,
las que se aman,
las que se extrañan,
las que se han ido
y aun no regresan…

Nuestro lugar, donde siempre te encuentro.

QUIÉN ERES?

Podrías ser un extraño,
de esos, que hacen daño,
que clavan una espina
y dejan el corazón desgarrado.

O podrías ser una de esas almas
que tiene que ver con la mía,
alguien lejano,
quizás de otra vida
que viene a acariciarla
en estos tiempos de sequías.

O ser caminante
sin rumbo ni parada fija,
como el viento que llega
y se marcha de prisa,
refresca, levanta,
creando algarabía,
como remolino agitaras,
te llevarás parte de mi vida,
me dejarás vivencias
y también, algunas alegrías.

Como saber quién eres
y darte permiso
para entrar en mi vida…

MIENTRAS TANTO ENAMORATE DE LA VIDA

IMG_0737 (1)Tengo un juego con la vida, quizás lo aprendí tarde o a lo mejor no; dicen por ahí que cada cosa tiene su tiempo y la sabiduría va surgiendo poco a poco entre tu mente y el corazón, primero son gotas, ni cuenta te das; cuando maduras es como un manantial y cuando maduras un poco más, es un torrente con cascada incluida, deseando bañar a todos los que están cerca de ti, pero extrañamente, tiene un efecto contrario, quizás empapabas más cuando eras más joven, por aquello de que te prestaban más atención, estabas en un cargo importante o ejercías exitosamente tu profesión o emprendimiento; así que, tiene que ver que te escuchen o te tomen en cuenta en función de que tan influencer seas por grado de importancia asociada.

En fin, esto de tanta sabiduría ganada por experiencia acumulada, te hace descubrir unos cuantos trucos para ganarle a la vida; no los numerare, porque estos son muy personales y circunstanciales.

Hablare sobre eso de anhelar, querer algo, ansiar que suceda alguna cosa. Como cuando éramos niños y salíamos de paseo a la playa y preguntábamos mil veces “papá cuánto falta?” venia aquella respuesta que te podía engañar unos pocos kilómetros “falta poco, ya falta poco”. Las ansias de llegar alargaban el camino, uff una eternidad hasta que nos quedábamos dormidos, allí, mágicamente, despertábamos a unos pasos del mar.

Cuando eres joven, no tienes el don de la paciencia, no sabes esperar y eso aderezado a la rebeldía, a creerte inmortal y que todo lo sabes, es un coctel explosivo que enloquece a la familia. Pero tú pasas de largo por allí, y buscas la manera de acelerar todo, hasta el hecho de enamorarte del primer “pavo” que te sonríe porque quieres el primer beso, la primera caricia. Con el tiempo, cuando volteas, o ves alguna fotografía de la época te preguntas cómo pudiste enamorarte de aquel adefesio, tú lo veías hermoso y la familia entera lo detestaba, pero ellos eran los equivocados.

Luego al ser padres tus deseos se postergan, entonces la vida te pasa en un tris; las horas marcadas, los días muy cortos, los años en función de los cumpleaños de tus crías, de sus metas, de sus logros y tú alcanzando en medio de la tormenta las metas profesionales, pero las personales brillando por su ausencia. Pronto, en un abrir y cerrar los ojos el nido queda vacío, o los pajarracos que te enloquecieron con la adolescencia y sus decisiones, comienzan a alzar vuelo y te vas quedando desocupada, horas vacías y manos que no hayan qué hacer.

Allí estas un poco “ tocada” te cayeron los años que no habías sumado y sin saber cómo seguir. Te ataca la fiebre de la nostalgia con tos de melancolía, te lloran los ojos a cada rato, solitos pues, sin motivo y hasta se te sube la temperatura, te llega la cosa esa que llaman menopausia, el bochorno que te viene por la espalda, te sube por la nuca y que te deja en evidencia sudando a cantaros y los demás como si nada…solo tú estás en el infierno! A los hombres también les pasan cosas, tienen su propio infierno, pero frio…congelado…

Si tienes pareja, de cuando en cuando lo miras de reojo como un estorbo, (tranquila que él también lo hace), el asunto es reciproco; es natural tienen que aprender a vivir juntos de nuevo sin aburrirse, porque solo son ahora “los dos”, el resto es una visita programada y las llamadas de emergencia, porque en esta etapa somos como el departamento de bomberos: solo llamadas de emergencia y apagamos fuego, casi que para eso quedamos…creen ellos, hay que marcar una raya y algo de distancia cuando haga falta y muy importante. Los que llegan “felizmente” casados les toca redescubrirse como parejas, enamorarse de nuevo, avivar la llama, y hay que empeñarse en ello, porque si ya llegaron hasta aquí juntos, es una proeza, y lo más duro ya ha pasado; ahora tienen tiempo para los dos.

En mi caso, llegue a esta fase de mi vida “felizmente” divorciada, con algunos intentos fallidos en medio de la crianza de los pajarracos, queriendo como a un hermano a mi ex y siendo buenos amigos. Amo mi libertad ganada a pulso y mi independencia para la toma de decisiones por años, por lo que me cuesta soltar el control y eso puede ser un problema, lo sé.

Ya en este punto del camino siendo “tan sabiondos”, llegamos a la edad de la irreverencia, donde nos creemos que lo tenemos todo permitido, sobre todo a decir aquellas cosas que antes conteníamos. Debemos analizarnos, averiguar un poco dentro de nosotros qué queremos hacer, qué nos ilusiona, buscar por allá en los viejos recuerdos del baúl mental aquella lista de “cuando sea grande quiero ser y hacer….”, quizás encontremos un sueño postergado, olvidado, alguna destreza dormida, algunos intereses por explorar. Tenemos que ilusionarnos, sentirnos activos, porque quedarnos sentados o quietos envejece el espíritu. Socialmente debemos cuidar más que nunca los amigos que tenemos, rescatar los olvidados, retomar los aplazados y hacer nuevos, porque a estas alturas, si dejamos esa lista como está, la pelona se va ir descontando y podemos quedar en cero y los amigos rejuvenecen, como los nietos.

Bien, aquí va el primer truco: si no quieres que pase algo no digas que no quieres que suceda. Parece mentira pero es cuando más rápido pasa. Así que cuidado con esas negaciones. El universo no entiende cuando haces eso. Bien dice el dicho: no digas que de esta agua no beberás porque lo harás más rápido.

Segundo truco: no esperes con ansias que suceda algo que deseas, no te sientes a esperar que pase, que llegue, porque esa espera envejece, enloquece; suéltalo rápido, pídelo con deseo y lánzalo al espacio sideral, pon la cabeza en otra cosa, deja de esperarlo ansioso y pasara!. Como cuando te quedabas dormido en el carro de papá.

Del resto no dejes de embarrarte de crema por todos lados, descubre tu mejor ángulo para las fotografías, tómate unas cuantas copas de vino, vístete para agradarte a ti y no a los demás, escucha música de ayer y hoy, reúnete con tus amigos, viaja y conoce nuevos lugares, siente nuevos sabores; ten una mascota; aprende algo nuevo: hacer pan, repostería, pintar, escribir, tocar un instrumento musical; disfruta los nietos y malcríalos si los tienes, reúne a la familia en casa todos los domingos que puedas, y si estas solo, disfrútalo pero no te niegues a la posibilidad de que el amor te vuelva a encontrar.

Mientras tanto enamórate de la vida, que es hermosa, juega y diviértete con ella.

Yo que te lo digo, el asunto tiene sentido.

No dejes que la soledad te abrace, ni el tiempo te alcance…

SABIA QUE ERA DOMINGO

Sabía que era domingo,
cuando me despertaba
el canto alegre de mi madre
y el aroma de las panquecas
haciéndose en la plancha
untada de muuuucha mantequilla.

Sabia que era domingo
cuando papá llegaba sonriente
con todos los periodicos,
sus revistas Time,
National geographic y
nuestras comiquitas,
además de muchas golosinas.

Las panquecas nos despertaban
para un gran día,
comida especial: kibbe, hummus,
pinchos de lomito, tabule y pan pita
y también tajadas
de plátano maduro,
quién lo diría,
esta gallega hacía fusión
en su cocina.

Luego por la tarde el paseo,
vueltita en el Impala azul,
Av. 5 de julio pa’rriba,
dar la vuelta en Indio Mara,
parar en los chinos
por la cremosa barquilla.

Luego en bajada
hasta el Milagro
y su hermosa vista,
el lago con su marullo
y la deliciosa brisa,
la recorríamos completica,
columpios del Hotel del Lago
o sustico incluido en el malecón
para esta catirita.

Y si nos portábamos bien,
coronábamos por la noche
con el pollo a la canasta
del Rincón Boricua,
viendo el Gordo y el Flaco,
y muchas comiquitas,
coincidiendo las familias amigas,
Italianas, españolas, alemanas,
árabes y griegas,
con sus proles maracuchas
fusión de amor
de la tierra que los recibía,
en aquella hermosa época
de mi Maracaibo querida.