CIRCULO DE AMIGOS

Me siento maravillosa danzando entre mis grupos de amigos que amo tanto, cada uno diferente pero casi todos contemporáneos, que me acompañan en la travesía de la vida que me ha tocado, me muevo entre ellos, los enlazo, tejo con amor tramas maravillosas para mantenerlos a mi lado. Seguro que a ti también te pasa, es la magia de la Amistad, ese sentimiento que está por encima de todo egoísmo humano.

El círculo de las amigas más íntimas, esas que saben todo de ti y para las que no hay secretos, que solo con la mirada saben ya que algo te pasa, a las que solo con contarle ya te alivian la carga, las que te escuchan incondicionales y que pueden sacudirte para hacerte reaccionar, que te animan a que des el paso que tu vida hará cambiar, que a lo largo de la vida se cuelgan de tu brazo, te empujan o sostienen según tu necesidad.

El círculo de amigos donde crecimos juntos y nos transformamos, que nos conocimos desde niños a través de nuestros padres o por el colegio donde estudiábamos, los amigos de tus hermanos, ese grupito de las travesuras y de la primera vez de algo.

El de la universidad, donde vives el esplendor y la alegría de la juventud, que te hace de los colegas que queda conjurado como eterna cofradía con el que te formas y descubres tus posibilidades de vida, donde tanta afinidad vas cosechando, con el que haces lazos de distintos tamaños, que a veces la vida suspende mientras formas familia que te acaparan los años, del que te apartan por un tiempo porque estas demasiado ocupado pero al que maravillosamente vuelves al estar más aliviado.

Círculos de amigos que a lo largo de la vida vas encontrando y a tu lado se van quedando por y para siempre, que conforme va tu vida, se van transformado en hermosos dibujos que van trazando, se hacen concéntricos o se agrupan en diseños mágicos, o se yuxtaponen para fortalecer tu ánimo, y a veces, se integran para formar el gran círculo de tu vida donde tú eres su centro cuando es necesario, por tristezas o alegrías que te van tocando.

Gracias amigos por estar mi vida, por formar parte de ella, por aceptarme como soy sin pretender cambiarme, por darme alegría y ánimo, por acompañarme en esos momentos, algunos de felicidad y otros no tanto.

LAG

Fotografía: Flor de zábila en la entrada de mi casa

A DIAS DE TI…

A 21 días de tus ojos…
a 21 días de mis labios rojos,
diré solo son 21
y tendré tus manos en mi rostro…

A 21 días de tu aliento
y tu respirar pausado,
tu inquietud encontrará mis ansias,
los deseos se volverán piel
y los anhelos fragancias.

A 21 días de quedarme en tu mirada,
los contaré uno a uno
y pronto ya será mañana…

LAG

TRISTEZA

Cuando quiero llorar y no lloro
y el nudo en la garganta me ahoga,
las lágrimas asoman al balcón de mi mirada
y quedan empozadas en la silente tristeza.

Cuando quiero llorar y no lloro
y mi alma extrañamente se aquieta,
pasiva me quedo en la nostalgia
y la soledad abrupta se presenta.

Cuando quiero llorar y no lloro
la dureza en mi corazón
como volcán se presenta
y con furor al fuego hecha leña.

Déjame soltar esa lágrima
y que con ella se fuguen ansias y tristeza.

LAG

Hay que encontrar la belleza a pesar de la tristeza que a veces empaña la mirada…

PASA DE MI

Pasa de largo de mi tristeza
si sientes que ella te asfixia,
pasa de largo de mi alegría
si la envidia no te deja vida.

Pasa de largo con tu existencia
si sientes que dañaras la mía,
no necesito de ti
para sentirme plena de dicha.

Pasa de largo, no te acerques!
si no estás dispuesto a quererme,
si no estás seguro de lo que sientes,
mejor olvídame sin conocerme.

Pasa de mí y ni siquiera voltees,
aun si el efluvio de mi fragancia te atrae.

LAG

EN LA CIUDAD, AUSENTE.

Sí estoy en la ciudad, sí en esa ciudad que ahora está callada, que aun estando llena esta silenciosa. Estamos en ella en un estado de ausencia, en un desapego absoluto provocado, en estado de apatía inducida, de silencio mundano, en estado de abandono ella, en estado de ausencia nosotros, desconectados el uno del otro.

Transitamos las calles polvorientas como almas en fuga, llenas de miedo, azorados por la delincuencia derramada que impone la ley, donde los que se sienten poderosos cargan sus indecencias contra los más desvalidos; la ciudad donde los espacios de esparcimiento que aun valientemente mantienen su santa maría arriba son ocupados por poca gente que aún se atreve a salir y por los que salen porque tienen escoltas.

El encierro es casi obligado, como única defensa, para evitar exponerte, desconectarte socialmente para sobrevivir. Reducidos a reunirnos en casa de los amigos hasta horas tempranas porque luego debes regresar por calles oscuras, inseguras, llenas de huecos y alimañas humanas. Encierro, en las 4 paredes de tu casa, convertida en frágil jaula, donde voluntariamente nos quedamos, por ahora.

Extraño sin haberme ido a mi país, a mi vida sin haber muerto; extraño mi rutina, mis trabajos, extraño pasar horas calculando el valor de instalaciones industriales, de inmuebles, extraño salir en la madrugada y tomar la carretera, ver el amanecer en el puente para inspeccionar alguna obra, extraño los curarires en flor vistiendo de amarillo el camino y a las garzas blancas adornando los potreros verdes, escuchar a Maná a todo volumen, desayunar cachapas o arepas, encontrar sorpresas: tarantines de artesanía, casas coloniales llenas de pasado y mi cámara fotográfica dispuesta. Extraño organizar los paseos a la playa del Supí o al chalet en Los Andes. Extraño tanta actividad, esa que hacía que le faltaran horas a los días, días a las semanas, meses al año. Extraño la algarabía en la planta alta de la casa, extraño que dependieran de mí, sentirme lo máximo para ellos, lo más grande de sus vidas, la que todo lo podía, lo lograba, lo alcanzaba para y por ellos.

Extraño la familia que se ha ido, los amigos regados por el mundo, extraño a los que aun aquí siguen porque también están perdidos en medio de esta voracidad que nos consume. Extraño mi vida, mi cotidianidad, mis lugares, mis sabores, extraño todo…Extraño a Venezuela sin haberme ido. Y si bien es cierto que este tiempo debo tomármelo como una pausa ante una decisión tomada, es imposible no sentir, añorar, recordar. No puedo evitar sentirme suspendida en el tiempo, en el espacio, luchando con tantos sentimientos y situaciones a la vez: desprendimiento de lo conocido, incertidumbre ante el nuevo horizonte, desapego, destierro, vacío, perdida.

Hoy amanecí con el corazón arrugado y el nudo en la garganta aguantado, pretendiendo ahogar el llanto.

Leila

EL MENSAJE

Estaba de visita en aquel lugar tan lleno de magia colgada en las paredes y sobre los muebles, en donde las horas transcurren sin pesar, entre abrazos y risas. Cada vez que llego, logro desconectar mi mente de las angustias cotidianas, la música me envuelve y los aromas de la cocina me alegran. Es uno de nuestros sitios de encuentro que atesoramos. Sin embargo, aquel día, mientras transitaba por el largo pasillo para llegar al baño, un sonido, seco, hueco, llamó mi atención. Provenía de la mesa bellamente adornada donde reposa la Biblia abierta sobre el majestuoso atril de madera que mi amigo había comprado en México. Es un rincón acogedor de la casa, custodiado por querubines de madera y porcelana de expresión candorosa, algunos rescatados de la remodelación de la Iglesia de santa Lucía, hermosos candelabros con velas blancas encendidas. Revisé para ver si algo se había caído, pero no había nada fuera de lugar así que me limité, como siempre lo hago cada vez que una biblia abierta se presenta ante mí, a leer lo que por antojo divino me ponen por delante. Siempre pienso, que esa lectura tiene un mensaje especial para mí cuando así sucede o una respuesta a alguna inquietud del momento.

Regresé al salón, donde seguíamos la sabrosa tertulia de aquella noche y enseguida me atraparon de nuevo las risas.

Cuando llegué a casa y por fin apoyé la cabeza en la almohada, volvió a mí la escena del pasillo y mi encuentro sorpresivo con la Biblia, tratando de encontrar entre las líneas de la lectura “sugerida” alguna respuesta a las tantas preguntas que me hago en la profundidad de la noche en la soledad de mi cama. Yo creo en las señales, esas que te avisan sobre las cosas buenas y malas que están por sucederte, y a lo largo de mi vida vaya que he tenido oportunidades de verlas, sentirlas, escucharlas, a veces como una voz interior que te intranquiliza, que te agita, y que si tratas de ignorar se hace incisiva…señales que vienen de otro plano y que se manifiestan siempre a tu favor, bien sea para protegerte, avisarte o guiarte. Mis seres queridos ausentes sé que me protegen desde el más allá, se manifiestan mis seres de luz cuando los necesito, lo que me hace pensar que la muerte física solo se lleva la forma que tuviste en esa vida, que la muerte del alma no existe, porque entonces, qué sentido tiene acumular tanta sabiduría?

Pasaron varios días antes de volver a ese lugar para otro encuentro de amigos, y de nuevo, esa noche, mi tránsito por ese pasillo se vio sorprendido, esta vez, asombrosamente las hojas del libro sagrado, pasaron una a una, como si una ligera brisa soplara sobre él…, quedé atónita, y al mismo tiempo algo me recorrió toda erizando mi piel, sintiendo mi cuello desnudo, mi espalda expuesta. Me paralicé, quería correr, pero mis pies tenían grilletes, no podía moverme…quise gritar y mi voz no se escuchaba…estaba ahí sola, me sentí dentro de un profundo silencio y los que a pocos metros de mi estaban, no me escuchaban.

-Qué pasa? Qué quieres decirme?

Y comencé a rezar para aquietar los latidos de mi corazón. Lentamente fui calmándome y pude moverme, quise retroceder pero algo inexplicable me atraía hacia ella, temblorosa me acerqué y las hojas ya no se movían…un resplandor me indicaba el mensaje, un aroma tenue a rosas invadió el lugar y entonces, ya no sentí más miedo, claramente entendí el mensaje que cambió mi vida en ese instante.

Participando en el concurso de relatos Zenda Libros #DíadeMuertos

EL ULTIMO VUELO

Era cerca del mediodía cuando recibí la llamada, no podía creerlo y entonces comprendí que lo que pasó temprano ese día tenía que ver contigo…

No podía ser de otra manera, entre las dos había una conexión especial, de esas que uno no puede explicar, en la que nos presentíamos siempre. Recuerdo cuando te conocí, me parecías tan hermosa, dije -mamá, mira esa señora alta que se mudó al lado, de dónde vendrá? Y claro, venías de la capital, por eso vestías así y caminabas con tanta elegancia! Para nosotros fue increíble poder ayudarte ese día en que te instalabas con tu esposo y tus hijos, yo fui la primera en querer agradarte y sé que ese primer día me viste como la hija que querías tener.

Cada mañana, cuando esperaba el bus del colegio, me asomaba a tu ventana para saludarte, te veía tan afanada preparando los teteros de tus pequeños hijos y tu cocina se inundaba en olores deliciosos. Sabías que llegaría porque sentías mi perfume, Aires del tiempo. Siempre me decías lo bella que estaba, lo bien que me quedaba mi cabello rubio trenzado con el que trataba de esconder ese defecto que me incomodaba, tu conocías de mis inseguridades, podía hablarte de mis complejos y me aconsejabas como afrontar mis miedos a los 11 años. Aprendí tanto de ti.

Me gustaba ver tu practicidad en la cocina, luego iba y le contaba a mamá, y como a mi corta edad también me toco afrontar responsabilidades, cuando era mi turno en la cocina, te imitaba. Me enseñaste a preparar una torta blanca y el famoso quesillo. En esos 6 meses del año que mamá debía ayudar a papá en el negocio, quedábamos mis hermanos y yo solos en casa al regresar del colegio, pero sabíamos que tú estabas justo allí, al lado para cualquier cosa. Aquella residencia era pequeña y todos los vecinos éramos como una familia, y tú, durante ese tiempo, eras nuestro ángel guardián, tus 3 chiquillos adolescentes de al lado; sé que también te enseñamos algunas cosas que te advirtieron sobre la adolescencia de tus hijos.

Conforme crecía, aupabas todo lo que me gustaba, me acompañabas a comprar todos aquellos bellos papeles carta, stikers que adornaban mi diario, el libro de mis secretos que tú también conocías o el álbum de fotografía de mis aventuras y paseos. Ya en la Universidad, te contaba sobre mis enamorados y el miedo que me daba llevar mi primer novio “formal” a casa…jajajaja me defendiste cuando todos se enteraron que tenía novio, intercediste por mí y así entro aquel chico en la casa; para papá no era fácil, cuando en su mente habían otros planes para su flor en tierras lejanas del medio Oriente; él te escuchaba!

El tiempo pasó y tú te mudaste a una linda casa, nosotros también, pero cada vez que podía te visitaba y junto a una deliciosa taza de café con leche cremoso y con bellas melodías tocadas a piano adornando nuestro mágico momento, nos contábamos todo, mi vida ya casada, el nacimiento y la crianza de mis hijos, te sentías abuela también. Me dolía ver y saber que tu vida no era de rosas, que con valentía seguías adelante y aún tenías para dar a los demás. Merecías lo mejor, porque naciste princesa y te quisieron para Reina, sí, porque eras bella…pero no te dejaron.

Me ayudaste a sobrevivir mis crisis, me sostuviste, me aconsejaste y te escuché… Recuerdo como si fuera hoy aquel sábado en la mañana que llegue a tu casa después de mi viaje a Mexico, cuando me viste, de inmediato supiste que algo me pasaba, que las expectativas de aquel viaje no se habían cumplido, peor aún. Yo al verte de una vez deje salir las lágrimas contenidas de tantos dias…solo a ti podía contarte, solo tu supiste de inmediato que algo malo me había pasado. Tu inocente niña de trenzas doradas ya no estaba, se la habían robado, sin permiso, con engaño. Entre gemidos, sin poder darte detalles porque apenas recordaba te conté mi doloroso secreto, que marcaría para siempre mi vida. Recuerdo que quisiste hacer justicia, te enfureciste, querías contarle a mi familia, pero yo te detuve, te hice prometer que callarías, yo no quería más tragedias para mi familia. Me arropaste con tu manto de madre, amiga, confidente y me ayudaste a seguir con mis 21 años a cuestas que ya me pesaban como 100.

Era asombroso como nos presentíamos, te venías a mi pensamiento y te llamaba y era que te sucedía algo y así tu conmigo, era mágico, estábamos unidas más allá del tiempo, de nuestro tiempo, almas gemelas? Sí, no hay duda, veníamos de otro tiempo a éste nuevo tránsito y nos volvimos a encontrar.

Aquella mañana, entró un pájaro a mi cocina y rozo mi cabello, me asusté y de inmediato me maraville, me sentí bendecida, y pensé, esto tiene un significado, quedé expectante y hasta me eche a reír, alguien me dijo que eso significaba que tendría noticias…

Nuestra última conversación, aquel domingo, fue sobre la pluma de un pájaro negro que habías recibido en una invitación, querías que nos reuniéramos con el grupo de amigas que teníamos, pero me advertiste que no fuera el siguiente sábado, pues tenías una fiesta y me hablaste emocionada sobre el traje que usarías y de esa hermosa invitación que habías recibido.

Al recibir la llamada, comprendí entonces que fue tu alma que hizo presencia aquella mañana con aquel pájaro, supe que era tu alma que se despedía de mí,
que la fiesta a la que habías sido invitada era en el paraíso de las almas buenas, que ya te habías ganado.

Fue justo a la hora de tu partida, me regalaste un momento mágico para irte, como todos los que me diste en vida.

Fue tu último vuelo, hasta pronto amiga, sé que nos volveremos a encontrar…

participando en #concursozendalibros

#diademuertos